lunes, 26 de septiembre de 2016

SEMANA 33 ÉTICA Y VALORES 6º

SEMANA 33 ÉTICA Y VALORES 6º

TEMA: 2 DE OCTUBRE DE 2016 PLEBISCITO POR LA PAZ COLOMBIA

OBJETIVO: Reflexionar sobre los pro y los contra que se reflexionan sobre el plebiscito por la paz.

Nota: Se presenta esta actividad para toda la comunidad educativa, sobre el plebiscito por la paz, la cual se hace interdisciplinariamente con el área de educación religiosa.



2 DE OCTUBRE DE 2016 PLEBISCITO POR LA PAZ EN NUESTRO PAIS COLOMBIA
¿QUÉ ES EL PLEBISCITO?:
Es un mecanismo de participación ciudadana con el cual, en el marco del proceso de paz, el Gobierno busca que los colombianos aprueben o rechacen los acuerdos que se firmaron con la guerrilla de las Farc en La Habana.
Los colombianos mayores de 18 años deben participar de las votaciones el día señalado y tomar una opción de la siguiente:

  pregunta:
¿Apoya usted el acuerdo para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?
             SI                                               NO       


Las razones para votar por el sí al plebiscito por la paz

Con la convicción de que el plebiscito por la paz tendrá muchos más de los 4,5 millones de votos que requiere para ser válido, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, explicó que no habrá una campaña oficial del Gobierno en ese sentido.
Cristo, en entrevista con EL TIEMPO, aseguró que los ministros recorrerán el país pidiéndole a la ciudadanía que respalde la refrendación de la paz, pero advirtió que lo harán en el marco de las iniciativas que en ese sentido tienen otros sectores, como los partidos políticos o las organizaciones sociales. Dijo, además, que se mantiene la disposición a dialogar con la oposición.
¿Cómo se prepara el Gobierno para impulsar la campaña del plebiscito?
Confío en que la decisión de la Corte Constitucional contribuya a acelerar el fin de la negociación en La Habana, para que, una vez se llegue al acuerdo definitivo en los temas pendientes, al día siguiente el presidente Santos pueda convocar al plebiscito. Con la decisión de la Corte, pues obviamente el equipo de Gobierno va a salir por todo el país a pedirles a los colombianos que voten y lo hagan a favor de esta posibilidad única que tiene Colombia de ponerle fin a la guerra.
¿La campaña irá de la mano de las jornadas de pedagogía que se preparan?
Campaña oficial del plebiscito no hay. Habrá muchas campañas multiétnicas, multicolores, multipartidistas, muy amplias porque, como lo dijo el presidente Santos en la instalación del Congreso, la paz es tan grande en Colombia que no tiene dueño. Queremos que la oportunidad del plebiscito se convierta en una posibilidad para que todos los colombianos se apropien de la paz. Después de la firma del acuerdo final, los ministros expresaremos nuestras opiniones y saldremos a donde nos inviten a explicar por qué es conveniente y positiva la firma del acuerdo de paz.
Pero campaña como tal del Gobierno no hay; simplemente, entusiasmo muy grande de todos los que acompañamos al presidente Santos por trabajar para que haya una votación masiva a favor de la paz en Colombia.
¿El Gobierno colaborará con todas las campañas que habrá por el sí?
Sí, a donde nos inviten iremos a explicar las bondades del proceso de paz. Pero cosa distinta es la pedagogía de la paz, ya que la ley obliga al Gobierno Nacional a que divulgue los acuerdos los últimos 30 días de campaña, y eso ya se está trabajando. Claro que también vamos a cumplir sagradamente el fallo de la Corte en el sentido de que esa pedagogía no puede servir para orientar el voto del ciudadano. Será una pedagogía para divulgar el contenido de los acuerdos de paz, no para pedir el voto por el sí.
El propio Gobierno reconoce que en la pedagogía es en lo que más se ha fallado...
Va a ser muy importante, cuando se firme el acuerdo definitivo, que ya no habrá posibilidad de que se sigan diciendo mentiras o verdades a medias sobre los acuerdos de paz. Será la hora de la verdad, porque los colombianos conocerán hasta la última línea de lo pactado con las Farc. No habrá posibilidad de que los detractores del proceso sigan inventando tantas calumnias e infamias, como lo han hecho estos años.
¿Se mantiene la disposición al diálogo con la oposición?
Siempre estará la intención de dialogar. Lo que queremos es que los colombianos voten favorablemente por la paz, que podamos hacer una campaña tranquila y tolerante, sin descalificaciones, sin estigmatizaciones, haciéndole ver a la gente la importancia que tendrá esta decisión para el país. Se trata, ni más ni menos, que del fin de las Farc; la gente votará por el fin de las Farc como grupo armado en Colombia y su transformación en un movimiento político civil y sin armas, sin violencia. Eso es un cambio que no alcanzamos a dimensionar todavía, pero es lo que queremos que los ciudadanos vean.
¿Pero esto abre la puerta a un diálogo formal?
Creo que una vez votado el plebiscito y ratificado el acuerdo de paz, tenemos que seguir buscando el diálogo con la oposición para la construcción de la paz, para la implementación de los acuerdos, para el trámite de las normas. Me resisto a creer que no podamos encontrar puntos de coincidencia con la oposición del Centro Democrático.
El senador Álvaro Uribe dice que estaría dispuesto a sentarse con las Farc y el Gobierno si aceptan reabrir temas de algunos acuerdos. ¿Eso es viable?
Imagínese a estas alturas pensar en reabrir la negociación...
¿Cuándo se votaría el plebiscito?
Depende de la negociación, porque mientras no haya un acuerdo definitivo, no se podrá convocar al plebiscito.
Esperamos que la decisión de la Corte acelere las negociaciones en La Habana, para que los colombianos puedan votar antes de que termine septiembre por el sí o no al fin de la guerra en Colombia.
¿Y cuándo se radicarán en el Congreso las leyes que desarrollan los acuerdos?
Al día siguiente de que se vote el plebiscito se presentará un paquete muy importante con las reformas constitucionales, leyes estatutarias y decretos legislativos necesarios para poner en marcha los acuerdos e implementar el posconflicto.
¿En qué consiste ese paquete del que habla?
El Gobierno está preparando en los distintos ministerios y entidades todos los proyectos de reformas constitucional y de ley que se desprenden de los acuerdos de La Habana. Estamos definiendo todo lo que se necesita presentar y estamos trabajando, y hay interés del Gobierno para eso, para que una vez se vote el plebiscito, al día siguiente estemos presentando al Congreso ese paquete para que comience, mediante el procedimiento legislativo especial, el trámite de todas estas iniciativas que se requieren para desarrollar los acuerdos de paz.

 Las razones para votar por el no al plebiscito por la paz
Si bien el Centro Democrático todavía no define si apoya el no o la abstención en el plebiscito por la paz, el senador Iván Duque –uno de sus legisladores más representativos– le dijo a EL TIEMPO que la colectividad debe ir a las urnas a rechazar lo pactado con las Farc.
¿Por qué votar por el no en el plebiscito refrendatorio?
El Gobierno siempre habló de referendo cuando empezó el proceso, e incluso modificó la ley para que se pudiera hacer a la par con las elecciones ordinarias. El Gobierno ha querido que el plebiscito sea un todo o nada. Ahora, el mismo Gobierno se echó para atrás porque siempre habló de un referendo. Al poner esto en un todo o nada, hay muchas claudicaciones del Estado que están contenidas en los acuerdos y que ameritan decir no en defensa de los principios de legalidad. ¿Como cuáles? Que los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad, los máximos comandantes de las Farc, participen en unos eventos pedagógicos para que no paguen cárcel.
¿Qué otras molestias tiene el uribismo?
Que se les permita la elegibilidad política a esos máximos responsables, cuando la Constitución lo prohíbe expresamente. También, que no hay herramientas claras para perseguir la fortuna de las Farc y con ella reparar a las víctimas. Y está claro en el acuerdo de justicia que delitos como el asesinato de soldados serán conexos con el delito político.
El uribismo habla de trampas para facilitar el plebiscito y el proceso, pero son reformas que hizo el Congreso en el que usted está...
La primera trampa es bajar el umbral, que no es una trampa al Centro Democrático, es una trampa a la abstención. Al bajar el umbral al 13 por ciento, la abstención solamente ganaría si tiene un nivel superior al 87 por ciento, lo que nunca se ha dado históricamente. Segundo, logramos aprobar en el Senado que el financiamiento de las campañas del sí y del no fuera público, porque no es lo mismo salir a pedir recursos a nombre del Gobierno que hacerlo con el Gobierno intimidando a la oposición. Queríamos que las campañas fueran austeras, pero después la Cámara tumbó eso. Y, entre otras cosas, se está permitiendo que todos los funcionarios públicos hagan campaña. Todo esto le resta legitimidad al plebiscito.
¿Usted es partidario de votar por el no?
Una paz mal diseñada, que deje vacíos que debilitan al Estado frente a la criminalidad, va a engendrar nuevas violencias. Este Gobierno ya está en un periodo agonizante y lo que mal quede acordado lo tendremos que vivir todos los colombianos. Por eso pedimos que nuestras observaciones sean tenidas en cuenta, pero si no, pues tendremos que ir a votar no. Hay que aclarar que el no, no es apología una de la guerra y que el sí tampoco es la construcción inmediata de la paz. Aquí lo que se va a discutir es si los acuerdos que se están presentando están bien o mal diseñados.
Si gana el no, no habría proceso de paz. ¿Ustedes también aceptan eso?
Si el Gobierno quiere poner esto entre paz y guerra, pues lo está haciendo el Gobierno; nosotros lo que estamos pidiendo es que en los acuerdos se corrijan varios elementos que lo único que hacen es deteriorar la institucionalidad y al Estado.
Se ha ido formando una idea de que ustedes los uribistas quieren la guerra...
Yo discrepo de ese enfoque, porque mayoritariamente las personas han entendido cuáles son nuestras objeciones, que están respaldadas por la conciencia colectiva de los colombianos. Por lo que hay que empezar, y en lo que el Gobierno debe dar ejemplo, es que si se quiere que el debate enriquezca la democracia, tiene que eliminar el maniqueísmo de decir que él no es la guerra, porque esa es una simplificación muy peligrosa y que puede terminar sembrando odio. Lo que decimos es que este proceso tiene fallas.
¿La polarización también ha llegado a esto porque Uribe y Santos lo plantearon en términos personales?
Pienso que llevar esta discusión simplemente a un tema personal entre Santos y Uribe es banalizar una discusión que trasciende a los líderes políticos. Hay muchas personas que piensan que si Uribe hubiera decidido aceptar todo lo que está en los acuerdos, también lo habría aceptado la población que sigue al uribismo. Creo que eso es irrespetuoso con esa población. Hay muchos colombianos que tienen un sentimiento por esos acuerdos que se siente interpretada por nosotros; eso no quiere decir que si nosotros cambiamos de punto de vista, esas personas lo vayan a hacer. No se trata de Uribe y Santos, ni de si Uribe y Santos se encuentran y toman tinto. Seguramente el día que haya elecciones, habrá personas que no son uribistas o del Centro Democrático que legítimamente van a ir a marcar no, porque para ellos está por encima la defensa de la legalidad frente a las concesiones que se les han dado a las Farc.
La paz será tema de la campaña presidencial del 2018. Usted ya es precandidato...
Creo que el tema del plebiscito debe estar al margen de las discusiones políticas dentro de los partidos. Creo que la decisión que tome el Centro Democrático no puede ser en favor de uno u otro precandidato; tiene que ser una visión de partido en defensa del interés nacional. El debate del plebiscito lo debemos dar con argumentos y no pensando en los proyectos políticos personales.
¿Cree que el no puede ganar en las urnas?
Hay ciudadanos que se sienten con coraje para defender al Estado, sobre todo en algunas de las concesiones más graves que se les han dado a las Farc. Los mensajes más importantes del no son decirles a las Farc que ser pillo no paga, y que decir no, no es aplaudir la guerra sino pedir que negociemos una paz digna y con legalidad.


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